El pasado 8 de enero, Irán decidió apretar el famoso ‘botón rojo’ y desconectó internet a nivel nacional, dejando al país en un silencio digital casi total. No es la primera vez que esto sucede; en realidad, esta es la tercera vez en cinco años que el régimen recurre a un apagón total para intentar ahogar las voces de protesta que claman por libertad. Este último apagón se produjo justo cuando las manifestaciones estaban en su punto álgido.
Una herramienta de control cada vez más común
¿Te imaginas vivir sin acceso a internet? Hoy en día, es difícil pensar en un mundo así. Según estudios recientes, dedicamos cerca del 40% de nuestro tiempo diario conectados a dispositivos digitales. Sin embargo, ese acceso no siempre está garantizado. En 2024, se registraron 296 apagones en 54 países. Sí, has leído bien: ¡casi tres veces más que hace solo unos años! Esta tendencia demuestra que los cortes de internet son ahora una táctica habitual utilizada por gobiernos para controlar la información y silenciar protestas.
En Irán, la situación se tornó crítica el 8 de enero. En tan solo media hora, la conectividad cayó hasta quedar reducida a un mísero 1%. Las grandes ciudades como Teherán sufrieron especialmente, mientras los ciudadanos se quedaban sin poder comunicarse ni organizarse ante la ola represiva del gobierno.
A pesar del creciente rechazo internacional hacia estos actos desmedidos de censura, Irán parece no dar marcha atrás. Desde Amnistía Internacional han denunciado este nuevo corte como una violación descarada de los derechos humanos. Rebecca White, investigadora del Laboratorio sobre Seguridad de Amnistía Internacional señala con firmeza: «Los cortes generales o totales son desproporcionados y nunca deberían imponerse».
Es evidente que este tipo de decisiones políticas buscan sofocar cualquier intento de resistencia y mantener el control absoluto sobre la narrativa dentro del país. Irán ya había cortado internet en otras ocasiones durante protestas anteriores; ¿cuántas más necesitará hacer para entender que no podrán callar el clamor popular?

