Imagina poder recuperar la libertad de movimiento, esa que a muchos se les ha escapado por culpa de la parálisis. Eso es precisamente lo que Elon Musk pretende lograr con su empresa Neuralink. Hace poco, en su perfil de la red social X, afirmó con confianza: «Es posible restaurar la funcionalidad corporal total con Neuralink». Y aunque suene a ciencia ficción, detrás de esas palabras hay una ambición desmedida y un deseo genuino de cambiar vidas.
Un puente entre el cerebro y el cuerpo
Neuralink no es solo otra startup tecnológica; es un faro de esperanza para muchas personas que luchan contra trastornos neurológicos severos. Desde hace casi dos años, ya se han implantado chips cerebrales en más de diez pacientes en Estados Unidos. Estos dispositivos permiten controlar ciertos dispositivos con solo pensar en ello, devolviendo así un atisbo de movilidad a sus vidas. Pero Musk no se detiene ahí; su meta es mucho más grande.
La clave está en el chip que promete conectar las comunicaciones del cerebro más allá de las áreas dañadas, funcionando como un auténtico puente entre las partes afectadas. Aunque reconoce que a nivel técnico es muy difícil, confía plenamente en que «restaurar la funcionalidad corporal total es posible». Una afirmación audaz que invita tanto a la esperanza como al escepticismo.
Aunque estos avances son impresionantes, también hay otra cara: Musk espera generar unos ingresos anuales de 1.000 millones de dólares para 2031 gracias a estos chips y otros dos dispositivos igualmente innovadores: uno destinado a devolver la visión y otro para tratar enfermedades como el Parkinson. Su plan no solo busca mejorar vidas, sino también llenar los bolsillos del magnate.
Así que nos encontramos ante una encrucijada: ¿realmente estamos listos para confiar en esta tecnología? El tiempo dirá si Neuralink logra llevar sus promesas más allá del ámbito teórico y si logra hacer realidad ese sueño compartido por tantos: volver a movernos libremente.

