Desde hace veinte años, Google y la Unión Europea han estado atrapados en un tira y afloja que parece no tener fin. ¿Quién lo diría? Un gigante tecnológico contra una de las entidades más poderosas del mundo. Y aquí estamos, viendo cómo se acumulan las multas y las investigaciones sobre temas tan cruciales como el abuso de posición dominante o la privacidad de los usuarios.
El pulso por la inteligencia artificial
En este momento, el gigante busca evitar otra multa millonaria tras ser acusado de rastrear datos en su ‘modo incógnito’. La Comisión Europea ha puesto su mirada en sus innovaciones, especialmente en funciones como AI Overviews, sospechando que podría estar utilizando contenido sin autorización para entrenar sus modelos. Bruselas teme que esto distorsione la competencia al favorecer a Google frente a otros competidores en el sector de la inteligencia artificial.
Y no es solo un temor infundado; ya hay editores independientes levantando la voz. En julio de 2025, denunciaron que AI Overviews les estaba robando tráfico e ingresos porque los usuarios recibían información directa sin necesidad de visitar sus páginas. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿qué pasa con los derechos de quienes crean ese contenido?
A lo largo de estos años, Europa ha puesto bajo el microscopio las acciones del buscador desde su llegada al continente. Aquel 4 de septiembre de 1998 marcó el inicio no solo del éxito rotundo de Google, sino también del nacimiento de numerosos problemas legales y éticos. Desde advertencias sobre privacidad hasta acusaciones por monopolio, cada paso parecía abrir una nueva herida entre Bruselas y Mountain View.
Google se vio obligado a adaptarse ante presiones crecientes sobre cómo manejaba nuestros datos personales, incluso reduciendo el tiempo durante el cual almacenaba registros identificables a 18 meses. Pero eso fue solo el comienzo; los conflictos fueron escalando con incidentes como la controversia alrededor de Google Street View, donde se descubrió que estaban recolectando más datos de lo permitido.
A medida que pasaron los años, comenzaron a llegar las sanciones verdaderamente contundentes: multas millonarias por prácticas anticompetitivas relacionadas con Android o restricciones injustas a anunciantes. Cada nueva penalización parecía ser un capítulo más en esta novela interminable.
A día de hoy, seguimos viendo cómo surgen nuevas investigaciones mientras Google intenta defenderse ante cada embate legal. En definitiva, esta guerra está lejos de acabar y nos toca seguir mirando con atención cómo evoluciona esta historia repleta de desafíos tanto para Europa como para este coloso tecnológico.

