Las nubes moleculares, como la fascinante Rho Ophiuchi, son auténticos criaderos de estrellas y planetas. En este escenario cósmico, el nuevo telescopio de la NASA, SPHEREx, se dispone a estudiar estos misteriosos lugares en nuestra Vía Láctea para conocer mejor la abundancia de hielo de agua y otras moléculas congeladas.
La llegada de SPHEREx (Spectro-Photometer for the History of the Universe, Epoch of Reionization and Ices Explorer) marca el inicio de una misión ambiciosa que busca desentrañar los secretos del universo. Aunque las primeras imágenes aún están en proceso de calibración y no pueden ser utilizadas con fines científicos, desde el equipo de la NASA han confirmado que todo marcha según lo planeado: los sistemas ópticos, detectores y controles térmicos funcionan a la perfección.
Un viaje por el cosmos
Olivier Doré, científico del proyecto en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), no puede ocultar su entusiasmo: «Nuestra nave espacial ha abierto los ojos al universo». Desde su primera exposición capturada el 27 de marzo, SPHEREx está listo para mapear millones de galaxias. Este observatorio no solo se limitará a observar; realizará un mapa tridimensional completo del cielo cada seis meses utilizando luz infrarroja. De esta manera, esperamos conocer tanto las galaxias más distantes como aquellos elementos esenciales para la vida en nuestra propia galaxia.
Cada imagen abarca un área que es unas 20 veces más grande que el diámetro de la Luna llena y contiene datos provenientes de más de 100.000 fuentes luminosas, incluidas estrellas y galaxias. Se estima que tomará hasta 600 exposiciones diarias, generando así una montaña inigualable de datos.
SPHEREx tiene un enfoque único: detecta luz infrarroja invisible para nuestros ojos humanos y descompone esa luz en 102 longitudes de onda diferentes gracias a sus seis detectores. Esto permite analizar la composición química del espacio profundo y estudiar cómo ha evolucionado nuestro universo desde sus orígenes.
La precisión es clave aquí; su sistema óptico llegó perfectamente enfocado desde la Tierra porque no puede ajustarse una vez en órbita. Las primeras imágenes confirman este enfoque certero, vital para obtener datos científicos válidos.
La misión tiene tres grandes objetivos: explorar los primeros momentos tras el Big Bang, estudiar cómo las galaxias evolucionan a gran escala e investigar cómo el agua y otras moléculas esenciales contribuyen a formar estrellas y planetas. Con todo esto sobre la mesa, ¿quién sabe qué nuevos descubrimientos nos esperan? La NASA está lista para avanzar en nuestra comprensión sobre cómo nació nuestro universo y qué ingredientes podrían estar relacionados con el origen mismo de la vida.