El pasado 18 de marzo, los astronautas Suni Williams y Butch Wilmore pusieron fin a su aventura espacial y regresaron a la Tierra. Tras más de nueve meses en la Estación Espacial Internacional (ISS), aterrizaron frente a las costas de Tallahassee, Florida, en la cápsula Dragon ‘Freedom’ de SpaceX. Pero no todo fue sencillo; el regreso implicó adaptarse nuevamente a la gravedad terrestre y afrontar un proceso de recuperación física que no cualquiera podría imaginar.
Un regreso marcado por la política
Este retorno se convirtió en una especie de drama mediático cuando Donald Trump llegó al poder, ya que el ex presidente acusó a la anterior administración de dejar tirada a la tripulación de Starliner. Mientras tanto, Elon Musk aprovechó para saludar a Williams y Wilmore en redes sociales. En una entrevista reciente con Fox News, Butch no escatimó en elogios hacia ambos: «Los respeto. No me han dado ninguna razón para desconfiar de ninguno de ellos. Se han ganado mi confianza».
Suni, por su parte, compartió su alegría porque figuras como Trump y Musk se interesen por lo que sucede en el espacio: «Quizá no fue la situación ideal, pero permitió que mucha gente entendiera cuán crucial es nuestra participación como nación con visión espacial».
A pesar de los contratiempos, ambos astronautas asumen cierta responsabilidad sobre lo ocurrido durante su misión. Sin embargo, tienen claro que volverían a volar con Starliner: «Vamos a arreglar todos los problemas encontrados», afirmaron con determinación.
La NASA y Boeing ahora trabajan arduamente para resolver las anomalías detectadas y preparar el camino para futuros vuelos. Es un momento clave que definirá si Boeing puede cumplir su promesa de ofrecer un vehículo fiable para viajes espaciales regulares.