Imagínate la escena: Donald Trump, en su emblemático Despacho Oval, levantando el teléfono para hablar con Vladímir Putin. O quizás sea el propio Putin quien decida marcar al presidente estadounidense. En cualquier caso, está claro que esa conversación no es simplemente un intercambio de cortesías; de ella depende gran parte del destino de Ucrania. Pero, ¿qué tan segura puede ser una llamada así?
Aquí es donde comienza la intriga. A pesar de que todos pensamos que una línea telefónica debería ser segura, la realidad es mucho más compleja y menos glamorosa. ¿Cómo se protege realmente una comunicación tan crítica? Lo cierto es que no hay demasiada información oficial sobre los métodos de encriptación utilizados en estas charlas. Sin embargo, lo que sí sabemos es que existe un manto de misterio y especulación alrededor de cómo Washington y Moscú se mantienen conectados.
Detrás del telón: ¿cómo se preparan estas llamadas?
¿Recuerdas el famoso ‘teléfono rojo’? Pues bien, aunque su nombre evoca imágenes dramáticas, era más un telégrafo-teletipo que un verdadero teléfono como lo entendemos hoy. Desde entonces ha pasado mucho tiempo y ahora tenemos a Trump y a Putin comunicándose con simples llamadas telefónicas.
Aunque nos falten detalles técnicos precisos sobre esas líneas invisibles entre la Casa Blanca y el Kremlin, algunos exfuncionarios han compartido destellos sobre cómo funcionan estas comunicaciones vitales. Un artículo del 2019 en The Washington Post nos da una pista a través del testimonio de Kelly Magsamen, quien fue jefa de gabinete del Secretario de Defensa estadounidense. Ella habló sobre ciertas irregularidades durante una llamada entre Trump y el presidente ucraniano Volodímir Zelenski.
Magsamen revela que las conversaciones presidenciales están protegidas por capas extraordinarias de seguridad. Normalmente se almacenan en servidores clasificados, pero hay niveles superiores para información extremadamente sensible; incluso hay un servidor hiperseguro reservado para operaciones encubiertas donde la exposición podría tener consecuencias mortales.
Las comunicaciones entre líderes mundiales son meticulosamente preparadas por equipos altamente capacitados. Normalmente abordan temas cruciales como acuerdos comerciales o iniciativas bélicas. Pero antes de cada llamada internacional, los miembros del Consejo de Seguridad Nacional (NSC) informan al presidente y le acompañan durante la conversación.
Además del NSC, también suelen estar presentes intérpretes e incluso otros altos funcionarios para garantizar que todo fluya correctamente. Es curioso pensar que hasta los traductores deben pasar por rigurosas verificaciones antes de poder acceder a información confidencial relacionada con diplomacia crítica.
No obstante, no son solo quienes están en la habitación los que escuchan; también hay uno o dos oficiales en la Sala de Situación monitoreando todo desde el sótano del Ala Oeste mientras toman notas detalladas sobre lo discutido. Estas notas son conocidas como memorandos de conversación telefónica y son guardadas bajo estrictas medidas de seguridad.