La tarde del pasado jueves 6 de marzo, Europa dio un paso gigante hacia la independencia espacial con el exitoso lanzamiento del Ariane 6. Desde el centro espacial de Kurú, en la Guayana francesa, este cohete despegó a las 17:24 hora española y llevó consigo el satélite CSO-3, que logró alcanzar una órbita polar a nada menos que 800 kilómetros de altura. La misión transcurrió sin problemas, y a las 18:31, la carga se separó como estaba previsto.
Un hito para Europa
Este logro marca un antes y un después. Hasta ahora, dependíamos de naves como las de SpaceX para nuestros lanzamientos más críticos, pero esto ha cambiado. Gracias al trabajo conjunto de la Agencia Espacial Europea (ESA) y Arianespace, podemos hablar ya de un acceso autónomo al espacio que nos coloca en una posición privilegiada en el ámbito aeroespacial.
Josef Aschbacher, director general de la ESA, no pudo ocultar su entusiasmo al declarar en el blog oficial: «El segundo vuelo exitoso del Ariane 6 es un hito importante hacia nuestro objetivo de mejorar el acceso autónomo al espacio». Y es que no solo se trata del primer lanzamiento comercial; se prevén hasta seis vuelos adicionales solo este año. Cuando la producción esté a toda máquina, podríamos ver hasta nueve lanzamientos anuales.
Toni Tolker-Nielsen también destacó la importancia de esta misión: «El primer lanzamiento comercial demuestra lo que será nuestra nueva rutina», dijo mientras hacía hincapié en los esfuerzos por evitar convertir nuestros cohetes en basura espacial. En tiempos donde cada vez más oímos sobre el problema del monocultivo turístico, este compromiso resuena aún más fuerte.
A medida que avanzamos hacia un futuro donde Europa puede decidir su destino en el espacio sin depender de nadie más, queda claro que estamos ante un nuevo capítulo emocionante en nuestra historia colectiva.