El mundo del fútbol está en ebullición, y no solo por los goles y las jugadas espectaculares. El VAR, ese sistema de videoarbitraje que prometía revolucionar el deporte, se ha convertido en el protagonista de múltiples controversias. En la última jornada de LALIGA, vimos cómo decisiones como el gol anulado al Rayo Vallecano frente al Barça o la expulsión de Bellingham en El Sadar han dejado a muchos con más preguntas que respuestas.
Carlo Ancelotti, entrenador del Real Madrid, no ha tenido reparos en expresar su frustración. En una reciente rueda de prensa comentó que no estaba «contento» con lo que está sucediendo y lanzó una crítica mordaz al VAR: «Ha quitado demasiada responsabilidad al árbitro. Se supone que vino para evitar errores evidentes, pero muchas veces parece interferir en lo natural del juego». No es solo Ancelotti quien se siente así; exfutbolistas como Álvaro Benito también han alzado la voz, señalando que «ahora mismo se pita peor que nunca».
¿Qué hay detrás del VAR?
Pero antes de entrar en más detalles sobre las críticas, es fundamental entender qué tecnología sostiene este sistema tan polémico. Aprobado por la International Football Association Board (IFAB) en 2016 y utilizado desde la temporada 2018/2019, el VAR emplea un conjunto de cámaras de alta resolución y un equipo especializado para revisar incidentes cruciales durante los partidos.
Con él, los árbitros tienen a su disposición repeticiones y diferentes ángulos para tomar decisiones sobre penaltis, tarjetas rojas y hasta goles anulados. Sin embargo, esto también ha llevado a situaciones absurdas donde nos hemos preguntado si realmente estamos viendo fútbol o un espectáculo mediático lleno de interrupciones.
A medida que avanza la temporada, las dudas sobre la credibilidad del VAR crecen entre aficionados y jugadores por igual. Lo cierto es que este sistema ha traído consigo más incertidumbre y menos emoción. ¿Estamos dispuestos a sacrificar lo auténtico por un juego revisado al milímetro? La respuesta parece estar aún muy lejos de ser clara.