Las estafas telefónicas están a la orden del día en España y parece que no hay forma de detenerlas. Cada vez son más sofisticadas, casi como si los ciberdelincuentes se dedicaran a perfeccionar un arte oscuro. Javier Álvarez, un experto en fraude informático, advierte que hoy en día bastan cuatro segundos de nuestra voz para que alguien pueda clonar nuestro audio y usarlo para engañar a nuestros seres queridos. Y sí, esto es tan alarmante como suena.
Un problema real
Durante el III Cybercamp organizado por el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) y la Universidad de León, Álvarez subrayó que un asombroso 90% de los delitos cometidos en internet son fraudes económicos. Y entre ellos, los timos por clonación de voz –o lo que algunos llaman voice hacking– están cobrando cada vez más fuerza. Estos delincuentes no solo buscan datos personales; quieren hacerte creer que estás hablando con alguien cercano mientras te piden dinero o información confidencial.
A veces ni siquiera necesitas darles tu consentimiento; pueden grabar tu voz sin ti saberlo y luego usar ese archivo para crear mensajes falsos pero creíbles. Imagina recibir una llamada de un familiar pidiéndote urgentemente un Bizum porque ha perdido su cartera… ¿Quién no caería? La realidad es que estos tipos son capaces de hacerse pasar por cualquiera: amigos, compañeros e incluso jefes.
Aquí viene la parte dura: ¿cómo protegernos? Desde el INCIBE ofrecen varios consejos útiles. Primero, desconfía siempre de esas llamadas raras o números desconocidos. Si decides contestar, verifica quién está al otro lado antes de compartir cualquier dato personal. Mantén la calma y nunca te precipites; si algo suena sospechoso, pregunta a alguien en quien confíes.
Además, evitemos usar asistentes de voz en público; esos dispositivos pueden captar conversaciones críticas y poner nuestra seguridad en jaque. Y por supuesto, mantén tus dispositivos actualizados con las últimas versiones; esto puede marcar la diferencia entre ser víctima o estar protegido.
En este mundo digital donde cada paso cuenta, es mejor ser precavido que lamentar después haber caído en una trampa.