En un rincón del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, en California, ha nacido un gigante. Hablamos de ‘El Capitan’, el superordenador más potente del mundo, que desde noviembre del año pasado no solo se ha puesto en marcha, sino que ha comenzado a desempeñar funciones de vital importancia. Su misión: proteger el arsenal nuclear de Estados Unidos. Y es que, en tiempos donde las pruebas nucleares subterráneas son cosa del pasado, este coloso se convierte en un pilar para garantizar la seguridad y fiabilidad de estas armas.
Un guardián digital
LNNL lo detalla claramente en su blog: ‘El Capitan’ no es solo una máquina; es esencial para diseñar y gestionar un arsenal modernizado y responder a misiones críticas relacionadas con la seguridad nacional. Pero esto no es todo. Este superordenador también se adentra en terrenos menos secretos pero igualmente cruciales, como el descubrimiento de nuevos materiales o la física de alta densidad energética. Su capacidad para realizar simulaciones tridimensionales complejas lo coloca a la vanguardia de la tecnología.
A menudo nos preguntamos cómo puede llevar a cabo tantas tareas sofisticadas. La respuesta está en su avanzada tecnología: LNNL está apostando fuerte por capacidades de simulación cognitiva mediante inteligencia artificial y aprendizaje automático. Esto no solo beneficia las misiones clasificadas; también abre nuevas puertas para investigaciones no secretas que impactan nuestra vida diaria.
‘El Capitan’, con sus impresionantes 11,039 núcleos y una potencia máxima de 2,746 exaflops gracias a los procesadores EPYC de cuarta generación, ha alcanzado un hito notable al convertirse en el tercer superordenador capaz de computar a escala exa. Un logro impresionante si consideramos que otros dos estadounidenses ya habían logrado esta hazaña antes: Frontier y Aurora.