La situación en Son Busquets no puede seguir así. Voluntarios de Son Reus están alzando la voz y pidiendo dimisiones con un grito claro: «¡Lo han convertido en una prisión!» La indignación recorre las calles, mientras familias luchan por sus derechos básicos, batallas que parecen interminables. ¿Cuánto más vamos a tolerar esto?
El clamor de la comunidad
Desde hace tres años, muchas de estas familias llevan intentando empadronar a sus hijos y se encuentran con puertas cerradas y promesas vacías. Todo esto sucede en Palma, donde debería primar el bienestar de los ciudadanos. En vez de ello, parece que estamos condenados a vivir en un monocultivo turístico que ignora las necesidades reales.
No podemos quedarnos cruzados de brazos ante esta realidad. El tiempo se acaba y es hora de actuar. Las palabras ya no son suficientes; necesitamos soluciones tangibles que permitan a todos los residentes vivir dignamente en nuestra ciudad.

