En un grito desesperado, los amantes de la naturaleza y del senderismo han comenzado a alertar sobre una situación alarmante: hay hasta 300 caminos públicos que están siendo bloqueados por propietarios privados. ¿Es esto lo que queremos? Que se nos niegue el acceso a nuestras tierras?
La batalla por nuestros senderos
A medida que más y más personas se aventuran en busca de ese rincón de paz en la montaña o junto al mar, descubren que sus rutas favoritas están siendo cerradas, como si fueran propiedades privadas. Esta situación no solo afecta a los excursionistas, sino que también pone en peligro el espíritu comunitario que caracteriza a nuestra tierra.
¿Qué pasará con aquellos que simplemente desean disfrutar del aire libre? Nos preguntamos si es justo que unos pocos puedan decidir quién puede o no transitar por esos caminos. La comunidad ha empezado a movilizarse, recogiendo firmas y levantando la voz para reclamar lo que es suyo. La naturaleza no debería tener dueños.
El colectivo de excursionistas insiste en que esta tendencia debe cambiar urgentemente; de lo contrario, corremos el riesgo de perder parte de nuestra identidad cultural y natural. Y tú, ¿estás dispuesto a quedarte de brazos cruzados mientras destruyen nuestro patrimonio común?

