En un momento delicado para la seguridad y la confianza ciudadana, el ministro Marlaska ha decidido poner toda la carne en el asador. Ha llamado a su lado al jefe de Policía de Baleares para liderar una operativa estatal que busca salir del atolladero que ha generado el conocido ‘caso DAO’. Y es que, ¿qué nos está pasando? La sensación de precariedad y desamparo está cada vez más presente entre nosotros.
Una realidad dura
La precariedad laboral tiene un rostro claro: el de las mujeres. Solo un 32% de los contratos indefinidos son para ellas. Es desgarrador pensar que en pleno siglo XXI sigamos arrastrando estas cifras. Mientras tanto, en Mallorca, se han encendido las alarmas tras un trágico derrumbe en Manacor que ha dejado secuelas irreparables. Este tipo de situaciones nos recuerdan que no todo es sol y playa en nuestras islas.
Y así va la vida; algunos disfrutan del lujo en Dubai mientras otros luchan por sobrevivir aquí. “He ido a la playa estos días”, comenta una mallorquina desde allí, como si nada pasara a su alrededor. Pero hay cosas que no podemos ignorar: los precios de alquiler han alcanzado niveles absurdos y ya se habla de barracas rústicas por casi 700 euros. El monocultivo turístico nos está ahogando.
A medida que miramos hacia adelante, surgen nuevas voces como Xisca Mir, quien liderará MÉS por Palma con ansias de volver a gobernar la ciudad. Y no solo eso; hay un grito colectivo contra la guerra en Irán y Palestina programado para este viernes en Palma, porque es hora de levantar la voz por lo que realmente importa.
No podemos seguir tirando a la basura nuestra cultura y tradiciones mientras luchamos por un futuro mejor para todos. Es momento de unir fuerzas y dar pasos firmes hacia un cambio real.

