En un giro inesperado, Eivissa, esa joya del Mediterráneo, se enfrenta a una situación que no deja de sorprender. La asociación Fem-ho en Català ha puesto el freno a la posibilidad de que los rótulos de sus calles puedan lucir en dos idiomas. ¿No es increíble? Mientras muchos lugares apuestan por la diversidad y la inclusión, aquí estamos viendo cómo se tira a la basura una oportunidad dorada para enriquecer nuestra cultura local.
La controversia va más allá del idioma
El debate no solo gira en torno al lenguaje. Este asunto refleja algo más profundo: ¿hasta dónde están dispuestos algunos a llegar para proteger lo que consideran su identidad? Nos encontramos en un momento crucial donde todos deberíamos preguntarnos si queremos ser parte de un monocultivo turístico o si preferimos abrir nuestras puertas y abrazar lo que nos rodea. El conseller Gonella, desde Menorca, está recibiendo una avalancha de críticas y peticiones para revisar este reglamento lingüístico que parece más una traba que un apoyo.
A medida que avanza esta historia, el eco de voces como la de Núria Cerdà, quien cuestiona las acciones pasadas frente a las actuales, resuena con fuerza. Y mientras tanto, nosotros seguimos observando cómo nuestras calles pierden color y diversidad ante decisiones que parecen desfasadas. ¿Es este el camino que queremos seguir?

