La historia comenzó en una noche de Halloween que, lejos de ser una celebración tranquila, se convirtió en el epicentro del descontrol. En Sencelles, un grupo de organizadores decidió ignorar las normas y montó una fiesta clandestina que terminó con una sanción económica que hace temblar: 10.400 euros. ¿Quién dijo que la diversión no tiene precio?
Las consecuencias de actuar sin pensar
El caso ha generado un revuelo entre los vecinos, muchos de los cuales se sienten frustrados al ver cómo estas actitudes irresponsables pueden arruinar la convivencia. Y es que no es solo el dinero; es el principio. Como dice uno de los afectados: “No podemos permitir que esto siga ocurriendo, hay reglas por algo”. El debate está servido.
A medida que la polémica crece, también lo hace la sensación de impotencia entre quienes luchan por mantener el orden y la seguridad en sus comunidades. La pregunta queda en el aire: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para disfrutar sin poner en riesgo a los demás? No todo vale cuando se trata de diversión.

