En una historia que nos deja sin palabras, una menor con autismo ha sido víctima de un auténtico calvario. Más de 300 agresiones a lo largo de cuatro años por parte de su propio tío en Mallorca. Es increíble pensar que alguien tan cercano pudiera causar tanto daño.
Un juicio que debe abrir los ojos
La sociedad no puede quedarse callada ante hechos tan horrendos. Este juicio es la oportunidad para visibilizar el sufrimiento que han padecido muchas familias. No se trata solo de una cifra escalofriante; cada número representa un grito ahogado, un llanto silencioso. Necesitamos poner el foco en estas realidades y luchar juntos contra el abuso, porque nadie debería pasar por esto.
A medida que avanzamos en este proceso, es vital recordar que detrás de cada caso hay vidas destrozadas y sueños apagados. La comunidad tiene la responsabilidad de ser voz y apoyo para aquellos que no pueden defenderse. No podemos permitir que historias como esta se repitan; debemos actuar ahora.

