En la vida, a veces, las palabras sobran. Nos encontramos en ese instante en que el silencio se vuelve cómodo, y aunque parezca contradictorio, ahí es donde verdaderamente nos entendemos. En Mallorca, esta reflexión ha cobrado protagonismo gracias a la reciente crítica de ANACA hacia la gestión del Ayuntamiento de Alcúdia. Su falta de transparencia en el proyecto del cable ha encendido los ánimos entre vecinos y ciudadanos.
La voz del pueblo no puede callar
Este tipo de situaciones nos llevan a preguntarnos: ¿hasta cuándo seguiremos permitiendo que se tomen decisiones sin consultar a quienes realmente vivimos aquí? La historia también nos da lecciones valiosas; como decía Pere Carrió, exinspector de Educación: «La mejor ley educativa que se ha hecho en España es la del 1970». Y es que hay verdades que nunca pasan de moda.
Además, no podemos ignorar lo sucedido recientemente con Juan Suau, un empresario emblemático cuyo legado está intrínsecamente ligado al Bar Bosch. Su muerte resuena entre quienes valoran la tradición y el esfuerzo en esta isla. También hay voces más críticas; Multen acaba de sancionar con 177.000 euros a una propietaria por un alquiler turístico ilegal en Santa Eulària, mientras las calles claman por un equilibrio entre el turismo y la vida local.
A medida que reflexionamos sobre nuestro entorno, surgen preguntas inquietantes: ¿por qué ahora decimos que hacemos cosas cuando antes simplemente actuábamos? Quizás sea hora de retomar esas viejas costumbres donde la comunidad se escucha y se respeta.

