En un giro inesperado, la policía ha intervenido en el aeropuerto de Palma una partida de sangría etiquetada como ‘Mallorca’, pero fabricada nada menos que en la Península. ¿Es este otro ejemplo de cómo nos la cuelan con productos que, aunque llevan nuestro nombre, no son más que un mero engaño?
La noticia ha dejado a muchos boquiabiertos. A veces, parece que lo único que importa es llenar los bolsillos y tirar a la basura la calidad y autenticidad de nuestros productos. No podemos permitir que esto continúe así. La sangría, ese icono del verano mallorquín, debería ser sinónimo de sabor local y tradición, no una mera etiqueta para atraer turistas.
Una historia de despropósitos
Los isleños siempre hemos defendido nuestra identidad cultural y gastronómica, pero estos episodios nos hacen preguntarnos: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar por unos euros más? Cada vez son más frecuentes los casos donde el monocultivo turístico convierte nuestras tradiciones en simples souvenirs vacíos.
No obstante, hay quienes luchan por mantener viva nuestra esencia. Algunos vecinos han alzado su voz contra esta práctica engañosa; ellos saben que defender lo auténtico es esencial para preservar lo que somos. La próxima vez que levantemos una copa de sangría, recordemos lo que realmente significa disfrutarla: un brindis por Mallorca y por todo lo genuino que representa.

