En una decisión que ha dejado a muchos boquiabiertos, el Ayuntamiento de Cort ha optado por desahuciar a 170 personas, aunque solo 30 de ellas se ven directamente implicadas en el polémico proyecto de urbanización en Son Bordoy. ¿Es esta la forma más justa de gestionar un desarrollo urbano?
La realidad detrás del desalojo
Este movimiento, además de resultar drástico, se siente como una clara falta de consideración hacia quienes han hecho de esos terrenos su hogar. Muchos residentes no entienden cómo un plan urbanístico puede provocar que sus vidas sean tiradas a la basura. En declaraciones recientes, uno de los afectados expresó: «No entiendo cómo pueden arruinar tantas vidas por algo que ni siquiera nos afecta directamente».
A medida que avanza la historia, se hace evidente que este tipo de decisiones son parte del monocultivo turístico al que nos hemos acostumbrado. La presión por construir y generar beneficios económicos parece primar sobre las necesidades y derechos fundamentales de las personas. ¿Qué les importa a ellos si esto significa perder sus hogares?
Con cada noticia como esta, queda claro que hay mucho trabajo por hacer para garantizar un equilibrio entre desarrollo y respeto por nuestra comunidad.

