En la última década, ha sucedido algo que nos debería hacer reflexionar: el número de jóvenes balears que han decidido cruzar fronteras y vivir fuera de nuestras islas se ha duplicado. Esta tendencia no solo habla de sueños y aspiraciones, sino también de una búsqueda desesperada por oportunidades que aquí, lamentablemente, escasean.
Una generación en busca de su lugar
Cada vez más, escuchamos historias de adolescentes que, con la maleta llena de ilusiones y un par de ganas locas, se embarcan hacia destinos lejanos. Huyen del monocultivo turístico que ahoga nuestra economía y buscan horizontes donde puedan desplegar sus alas. Como dice uno de ellos: «No quiero tirar mi vida a la basura; quiero construirla». Y es que ya no vale quedarse sentados esperando a que las cosas cambien; hoy en día hay que salir a buscarlas.
No podemos cerrar los ojos ante esta realidad. Los jóvenes están dejando nuestras islas por un futuro incierto pero lleno de posibilidades. ¿Y nosotros? ¿Vamos a quedarnos quietos mientras nuestras mejores mentes se marchan? La comunidad debe ser parte activa en este cambio. Es hora de repensar cómo estamos cuidando y ofreciendo opciones reales para quienes quieren quedarse. No olvidemos: el futuro está en sus manos.

