Todo empezó como una jornada perfecta para disfrutar de la naturaleza. Pero, de repente, una excursionista sufrió una caída en la Trapa, un lugar emblemático que muchos de nosotros hemos visitado alguna vez. La alarma sonó y los equipos de rescate se pusieron en marcha. No era solo un accidente; era un recordatorio de lo frágil que puede ser nuestra relación con el entorno.
Un acto heroico entre amigos
A medida que los rescatistas llegaban al lugar, todos nos preguntábamos cómo podía pasar algo así. No hay nada más desgarrador que ver a alguien sufrir por disfrutar del aire libre. Las imágenes fueron impactantes: el esfuerzo y la dedicación del equipo no pasaron desapercibidos para quienes estábamos cerca. La comunidad se unió en torno a esta causa, recordándonos la importancia de cuidarnos unos a otros.
Aunque todo salió bien al final, es esencial reflexionar sobre lo ocurrido. No podemos seguir tirando a la basura nuestro patrimonio natural ni permitir que el monocultivo turístico ahogue nuestras montañas y paisajes. Necesitamos comprometernos a proteger estos espacios, porque son parte de nuestra identidad y nuestra historia.

