La escena en las Islas Baleares está marcada por un espíritu de resistencia y lucha. Las tractoradas han comenzado, llenando las calles con el sonido de motores y la voz de quienes defienden sus derechos. Estamos hablando de una comunidad que no se rinde, que se alza contra la injusticia y que reclama ser escuchada. Como dice uno de los agricultores: “No vamos a dejar que nos tiren a la basura nuestras tradiciones y nuestra forma de vida”.
La memoria colectiva en juego
No podemos olvidar el trasfondo histórico de esta protesta. La memoria democrática está presente en cada pancarta, en cada grito que resuena entre los campos y las ciudades. No es solo una cuestión local; es un eco que se siente en toda España. En tiempos donde algunas leyes parecen borrar la esencia del pueblo, aquí estamos nosotros, reafirmando nuestra identidad.
Y mientras tanto, el PSOE pide acciones concretas para frenar el auge del alquiler turístico en viviendas unifamiliares. Esto va más allá de un simple debate político; afecta a familias enteras que ven cómo su hogar se convierte en un negocio efímero, dejando atrás lo verdaderamente importante: nuestro hogar, nuestra comunidad.
Además, hay otras voces importantes alzándose como la denuncia por discriminación lingüística en Leroy Merlin Palma, donde se ha oído: “Si no me hablas en español, no te atiendo”. ¿Es esto aceptable? Cada vez más profesionales rechazan este tipo de actitudes excluyentes.
Así es como nos encontramos hoy: con jóvenes del IES Joan Alcover preparando una huelga para visibilizar problemas estructurales de sus instalaciones. Ellos son el futuro y su voz cuenta tanto como la nuestra.
Las Islas Baleares están viviendo momentos decisivos, donde luchamos por preservar lo que somos frente a políticas que amenazan con transformarlo todo. Así que sigamos juntos en esta batalla.

