En el corazón de Palma, un incidente ha encendido las alarmas sobre la discriminación lingüística. Gabriel Bibiloni, conocido por su compromiso con la lengua catalana, se encontró en una situación bastante desagradable cuando intentó ser atendido en Leroy Merlín. La respuesta fue clara y directa: «Si no me hablas en español, no te atiendo». Con estas palabras, quedó al descubierto un problema que muchos catalanoparlantes viven día a día.
Un grito de auxilio en tiempos difíciles
No es solo un caso aislado; es una muestra palpable de cómo la precariedad y la falta de respeto hacia nuestra lengua pueden llevarnos a situaciones indignantes. No estamos hablando de un simple malentendido; aquí hay un claro mensaje que nos dice que quienes hablamos catalán estamos desprotegidos. ¿Acaso nuestras voces no tienen valor? Gabriel lo resumió perfectamente: «Esto no puede seguir así».
Mientras tanto, fuera de las tiendas y oficinas, Eivissa y Mallorca están bajo alerta por el fuerte viento y las olas que azotan nuestras costas. Pero quizás el verdadero temporal está dentro de nosotros: luchamos contra un sistema que ignora nuestras identidades y derechos básicos. Y mientras celebramos aniversarios y organizamos eventos populares como el Sant Sebastià, debemos preguntarnos: ¿qué tipo de comunidad queremos construir?

