En la tranquila localidad de Son Bordoy, un grupo de vecinos ha decidido alzar la voz. Están cansados de esperar y piden a gritos algo básico: un hogar digno. No se trata solo de cuatro paredes; es el derecho a vivir con dignidad, a sentirse humanos en su propio espacio.
Una lucha por lo esencial
Laura López Rigo nos cuenta que entre las preocupaciones más apremiantes del barrio se encuentra la escasez de vivienda asequible. En este rincón del mundo, donde el monocultivo turístico parece reinar, los residentes sienten que sus necesidades han quedado en segundo plano. “Nos tratan como si no importáramos”, señala uno de los afectados.
Aunque las promesas políticas suelen volar alto y desvanecerse rápidamente, ellos no están dispuestos a tirar la toalla. La lucha por un lugar donde puedan levantar sus familias y construir su futuro sigue viva. La comunidad se une, respaldada por expertos como Mar Grimalt y Margalida Capellà, quienes han compartido su conocimiento sobre derechos fundamentales en debates recientes.
La realidad es que cada vez más familias ven cómo sus sueños se esfuman ante la falta de opciones habitacionales. A medida que avanzan las conversaciones, queda claro que no están buscando caridad; simplemente desean ser tratados con respeto y humanidad. “No pedimos nada del otro mundo”, comenta una vecina con determinación. “Solo queremos vivir como todos merecemos”.

