En una noche que debería haber sido como cualquier otra, la vida de un joven en Palma cambió drásticamente. Cuatro individuos se abalanzaron sobre él con la única intención de robarle, pero lo que ocurrió fue mucho más allá de lo esperado: aparecieron cuchillos y el resultado fue devastador. El chaval, que solo quería disfrutar de su libertad, perdió la visión de uno de sus ojos tras ser apuñalado.
La impotencia ante la violencia
No podemos quedarnos callados frente a esta barbarie. ¿Dónde está la seguridad en nuestras calles? Los amigos y familiares del joven no pueden evitar sentir una mezcla de rabia e impotencia. La reacción es clara: esto no puede seguir así. Cada día nos enfrentamos a situaciones peligrosas que parecen crecer como setas, mientras algunos siguen tirando a la basura la idea de vivir en paz.
A veces nos preguntamos si estamos perdiendo el rumbo. La violencia se ha convertido en algo cotidiano y ya no sorprende tanto; eso es lo realmente alarmante. En un mundo donde deberíamos estar unidos contra este tipo de delitos, parece que las voces críticas se ahogan entre el ruido del miedo.

