En Pollença, un lugar donde la belleza natural se entrelaza con el deseo de desarrollo, la última decisión del ayuntamiento ha levantado ampollas. La intención de blindar el litoral de Formentor ante los nuevos chalets ha sido recibida con aplausos por muchos, que ven en ello una oportunidad para conservar un tesoro paisajístico. Pero no todo es tan sencillo; mientras se cierra esta puerta al monocultivo turístico, la historia da un giro inesperado: ¡la mayoría del suelo urbano sigue en pie y listo para seguir construyendo!
¿A quién beneficia realmente esta medida?
Y es aquí donde surge la gran interrogante. ¿De verdad estamos protegiendo lo que tanto valoramos? Algunos vecinos ya han comenzado a murmurar que esto parece más un juego de apariencias que una verdadera defensa del entorno. Y tienen sus razones: si el suelo urbano queda abierto a nuevas construcciones, ¿no estamos tirando por la borda los esfuerzos por preservar nuestra identidad y paisaje?
No hay que olvidar las voces críticas que desde hace tiempo advierten sobre las consecuencias de permitir edificaciones masivas. «La seguridad y la sostenibilidad no se garantizan solo con buenas intenciones o titulares bonitos», afirma uno de los defensores del medio ambiente local. Necesitamos acciones reales y decisiones valientes.
Pollença se encuentra en una encrucijada. Este es un momento crucial para decidir qué camino tomaremos como comunidad: ¿seguiremos dejando que nuestros espacios naturales sean sacrificados en el altar del progreso? O, por el contrario, ¿seremos capaces de unirnos y luchar por lo que realmente importa? El futuro está en nuestras manos.

