En un acto que mezcla creatividad y protesta, un joven de Manacor decidió presentarse a su examen vestido de Sant Antoni. ¿La razón? Reclamar a gritos que han pasado dos años desde que la festividad local fue borrada del mapa por la pandemia. Con una sonrisa en el rostro y el traje tradicional, este valiente manacorí no solo busca aprobar su examen, sino también devolver a su pueblo una tradición tan arraigada como el propio amor por sus raíces.
Una celebración olvidada
A lo largo de estos dos años, muchos han sentido cómo se desvanecía esa esencia festiva que caracteriza a la comunidad. El impacto ha sido profundo, dejando un vacío en las calles que alguna vez vibraron al ritmo de las celebraciones. Este gesto tan singular ha resonado entre los vecinos, quienes ven en él una llamada a no olvidar nuestras tradiciones. En palabras del propio protagonista: «No podemos dejar que nuestras fiestas se conviertan en un recuerdo lejano; son parte de lo que somos».
A medida que avanza la jornada, hay quienes apoyan esta iniciativa con entusiasmo, mientras otros lamentan la pérdida de lo cotidiano. La pregunta es clara: ¿hasta cuándo dejaremos que el miedo nos robe lo que más queremos? Sin duda, este manacorí ha encendido una chispa necesaria para revivir esas costumbres y dar voz a los anhelos de toda una comunidad.

