La noche del 16 de enero en Sa Pobla se viste de magia y tradición. Los dimonis, esos personajes enérgicos y llenos de vida, salieron a la calle para encender el espíritu de Sant Antoni, una festividad que nos recuerda lo vital que es mantener nuestras costumbres vivas. Pero no todo es alegría; entre risas y bailes, también resuena un grito de protesta.
Una Fiesta que se Disuelve
Un joven manacorí decidió presentarse a un examen vestido como Sant Antoni. Su intención no era solo hacerse notar, sino protestar por la pérdida gradual de esta fiesta emblemática que lleva dos años desvaneciéndose en el olvido. ¿Quién puede imaginarse Mallorca sin sus tradiciones? Un lugar donde la historia y la cultura deberían ser tan abundantes como las playas.
Mientras algunos celebran, otros reflexionan sobre lo que realmente está en juego: nuestra identidad cultural. La agonía territorial está presente; cada semana aparecen cinco nuevos chalets entre rústicos paisajes, transformando este paraíso en un monocultivo turístico que deja poco espacio para lo auténtico.
A medida que las llamas iluminan la noche y los dimonis danzan, hay quienes piensan: ¿Vale la pena sacrificar nuestras raíces por un desarrollo desmedido?. Sin duda, una pregunta que merece atención mientras seguimos disfrutando de estas noches mágicas llenas de luz y tradición.

