En Mallorca, la situación de la vivienda está tocando fondo. Mientras nosotros, como comunidad, intentamos encontrar soluciones a esta emergencia, los aparelladors han alzado la voz para advertir que el ritmo de construcción de nuevos pisos es completamente insuficiente. Es como si estuviéramos dando palos de ciego ante un problema que crece cada día más.
¿Se imaginan si a un médico le pagaran una miseria por estar 24 horas en guardia? Seguro que nadie aceptaría esa oferta. Sin embargo, esto es lo que estamos haciendo con el derecho a una vivienda digna. La realidad es dura y cruda: muchos hogares están cayendo a pedazos y parece que las autoridades hacen oídos sordos. ¿Y qué pasa con el edificio en Manacor que se derrumbó? Aparentemente, nunca pasó la inspección obligatoria, lo cual resulta alarmante.
Una situación insostenible
Cada semana se construyen cinco nuevas casas rústicas mientras miles siguen esperando su oportunidad para tener un techo sobre sus cabezas. Este monocultivo turístico nos está dejando sin opciones y nos enfrenta a una agonía territorial sin precedentes. Si seguimos así, corremos el riesgo de convertir nuestra isla en un lugar donde solo algunos pueden permitirse vivir.
No podemos quedarnos callados; tenemos que exigir acciones concretas y rápidas. No solo los aparelladors están preocupados; toda la sociedad debe estar alerta ante esta crisis silenciosa que afecta a tantas familias. Así que hagamos ruido y no dejemos pasar este tema crucial por alto.

