En el corazón del archipiélago balear, un silencio abrumador se cierne sobre la situación de los 803 menores migrantes que debían ser reubicados desde las Canarias, Ceuta y Melilla. A pesar de los discursos grandilocuentes y las promesas de solidaridad, la realidad es que estos jóvenes siguen esperando, en un limbo que parece no tener fin. ¿Dónde están? ¿Acaso se han tirado esas vidas a la basura?
Un compromiso olvidado
A medida que surgen noticias sobre la llegada de nuevos grupos de migrantes a nuestras costas, el eco de aquellos 803 menores se convierte en un murmullo apagado. En Son Tous, el nuevo centro destinado a acoger a algunos de ellos, ya se han hecho los preparativos para recibir a 64 jóvenes. Pero uno se pregunta: ¿es suficiente?
No podemos seguir ignorando este tema. La comunidad balear merece respuestas claras y una acción contundente. Porque al final del día, son vidas humanas las que están en juego y no meras cifras en un informe. Así que, mientras nosotros discutimos y debatimos, estos menores continúan su lucha por un futuro mejor.

