En un giro que nadie esperaba, los agricultores de las Islas Baleares han levantado la voz contra una nueva normativa que les obliga a registrarse y pagar 51 euros para gestionar sus residuos. Muchos se sienten atrapados en una maraña de burocracia que parece más diseñada para complicarles la vida que para ayudarles.
Laura López Rigo ha sido testigo del descontento creciente entre estos trabajadores del campo. «Ya tenemos suficientes problemas como para encima tener que lidiar con esto», comenta uno de ellos, reflejando el sentir colectivo. Con cerca de 30.000 personas lidiando con problemas de salud mental en 2025, tal vez sea hora de pensar en medidas que realmente ayuden a quienes mantienen nuestra tierra viva.
Burocracia y frustración
Además, mientras algunos municipios piden ser declarados zonas tensionadas por el precio del alquiler, otros ven cómo sus recursos son desmantelados o destruidos, como el parque eólico de Milà en Menorca o los tristes restos de un incendio en Manacor. La sensación es clara: los esfuerzos por cuidar nuestro entorno no parecen estar alineados con las necesidades reales. La comunidad está cansada y necesita respuestas ya.

