El pasado día nos dejó Xisco Ametller, un nombre que resonará en la memoria de muchos. Su legado como alcalde del Mercadal ha sido más que un título; ha sido un compromiso con la comunidad que lo vio crecer. En tiempos donde los valores parecen diluirse, él siempre se mantuvo firme, defendiendo lo que era justo y necesario para su gente.
Un hombre de pueblo
Ametller no solo se limitó a gobernar; conocía cada rincón, cada necesidad y cada sueño de los vecinos. Era ese tipo de persona que se preocupaba por el bienestar colectivo y no temía enfrentarse a las adversidades. Como decía su madre: “Nunca perdió una partida al parxís”, porque en su vida siempre jugó con honestidad y valentía.
Ahora, mientras recordamos sus logros, no podemos evitar sentir tristeza por su partida. Pero también hay espacio para la reflexión: ¿qué hemos aprendido de su ejemplo? En un mundo lleno de promesas vacías y políticas frías, Ametller fue una bocanada de aire fresco. Nos dejó una lección valiosa: la política debe ser cercana, accesible y llena de humanidad.
Xisco nos enseñó que cada voz cuenta, y que juntos podemos construir algo grande. Hoy celebramos su vida mientras miramos hacia el futuro con esperanza. Descansa en paz, querido amigo.

