En un rincón del Mediterráneo, las Illes Balears se encuentran en una encrucijada. La pregunta que todos nos hacemos es clara: ¿queremos que este paraíso se convierta en un territorio de paso o lucharemos por forjar una sociedad cohesionada?
Mientras algunos disfrutan de la belleza natural y cultural de estas islas, otros ven cómo la vida cotidiana se ve amenazada por el monocultivo turístico. Las calles de Palma, que deberían ser un lugar vibrante y acogedor, a menudo parecen más un escenario donde los problemas sociales crecen como malas hierbas.
Retos y esperanzas en la comunidad
No podemos ignorar lo que sucede a nuestro alrededor. La reciente noticia de una ciclista atropellada por un autobús del TIB es solo una muestra más de la falta de atención a la seguridad en nuestras ciudades. Y como si fuera poco, la policía está buscando a un hombre acusado de apuñalar a otro durante una fiesta. Sí, señores, esto no es exactamente lo que imaginábamos cuando pensamos en disfrutar del sol balear.
A medida que nos adentramos en 2026, hay voces que claman por un cambio real. Desde el Govern advierten que “nunca aceptarán” propuestas que ignoren las necesidades específicas de nuestra comunidad. Pero ¿acaso estamos listos para alzar nuestras voces juntos? Solo así podremos darle forma al futuro que todos deseamos.

