En un giro inesperado, el pueblo de Llucmajor ha decidido dejar atrás su tradicional figura del Banya Foc durante las celebraciones de Sant Antoni. ¿El motivo? La sombra que proyecta el polémico plagio del dimoni de Montuïri. No es solo una cuestión de tradición, sino que se siente como un golpe a la identidad local, algo que muchos consideran inaceptable.
Un pueblo dividido
La decisión ha generado un verdadero revuelo en la comunidad. Por un lado, están quienes defienden la originalidad y quieren mantener viva la esencia del Banya Foc. Por otro, hay quienes piensan que este cambio es necesario para no caer en el desprestigio. “No podemos permitir que nos tilden de copiones”, dice con firmeza uno de los vecinos más jóvenes del pueblo. Y así, entre debates acalorados y reflexiones profundas, se avanza hacia una celebración donde lo autóctono debería brillar con luz propia.
A medida que se acercan las festividades, muchos esperan que esta controversia sirva para revitalizar las tradiciones locales y recordar a todos lo importante que es cuidar lo nuestro. Sant Antoni no debe ser solo una fiesta; tiene que ser una reivindicación cultural.

