En el corazón de la preciosa Vall d’Orient, hay un lugar que cuenta historias de antaño y que parece susurrar secretos a quienes se atreven a explorar su belleza. Hablamos del Salt del Freu, una joya natural que refleja no solo la riqueza paisajística de Mallorca, sino también un legado cultural que merece ser preservado.
Un rincón olvidado pero vibrante
A medida que paseamos por este enclave, nos damos cuenta de lo fácil que es perderse en sus encantos. Pero no todo es perfecto. A menudo, nos encontramos con realidades duras: menos peces en sus aguas, menos algas verdes cubriendo las rocas, y en definitiva, menos vida. Es doloroso ver cómo Cabrera va perdiendo su esplendor marino ante nuestros ojos.
No podemos ignorar la lucha constante que enfrentan aquellos valientes emprendedores de las cerveceras artesanas de las Balears. Cada día es una batalla para mantenerse a flote, una historia repetida entre los pequeños negocios que intentan sobrevivir en un mundo donde cada vez más se tiende hacia un monocultivo turístico. La creatividad y el esfuerzo están ahí, pero son insuficientes cuando las olas de la adversidad parecen tan implacables.
Así que aquí estamos nosotros, como comunidad preocupada por nuestro entorno. No podemos quedarnos callados ante estas injusticias. Es fundamental recordar que detrás de cada noticia hay personas luchando por mantener viva nuestra identidad cultural y natural. Solo así lograremos preservar esos rincones mágicos como el Salt del Freu para las futuras generaciones.

