En un rincón de Mallorca, donde el aire todavía guarda el eco de tradiciones ancestrales, surge una figura que promete hacer temblar las bases del statu quo. Pep Cirer se ha convertido en el nuevo clamater de Sant Antoni a sa Pobla, y su llegada no pasa desapercibida. En una sociedad marcada por la saturación turística y un consumo energético que rozan lo insostenible, Cirer se presenta como un faro de esperanza para quienes anhelan un cambio real.
La lucha por lo nuestro
¿Quién no ha sentido alguna vez que le están tirando a la basura sus raíces? Con cada coche que inunda nuestras calles y cada residuo que ensucia nuestros paisajes, parece que olvidamos lo esencial: cuidar nuestra tierra. “Anar a tallar el Pi no és només tallar-lo, és un ritual per als pollencins”, asegura Bruno Rodríguez. Estas palabras resuenan con fuerza entre los vecinos, quienes ven cómo la gentrificación amenaza su forma de vida.
A medida que los precios de la vivienda alcanzan cifras astronómicas –más de 4.000 euros de media por propiedad en las Balears–, es evidente que necesitamos líderes como Pep Cirer. Su mensaje va más allá de simples promesas; busca unir a una comunidad cansada y desilusionada ante la impotencia del sistema actual. El camino no será fácil, pero si hay algo claro es que ya era hora de ponerle freno al monocultivo turístico que nos consume.

