La historia de Terraferida vuelve a cobrar vida, y con ella, la esperanza de muchos. Este movimiento ha lanzado un mensaje claro: «Una Mallorca més verda i fèrtil encara és possible». En un momento en que el monocultivo turístico amenaza nuestra identidad, es hora de replantearnos el futuro de nuestras tierras.
Un grito por la agricultura local
En medio del ruido y las luces del turismo masivo, los agricultores de nuestra isla están alzando la voz. Es su suelo, su sustento y su legado lo que está en juego. El campo balear pide a gritos ser recuperado, restaurado para el cultivo y no solo para alimentar la industria del ocio.
Ayer en Palma, alrededor de 150 personas se reunieron para protestar contra Trump, pero también para exigir una salida pacífica al conflicto en Venezuela. Entre estos manifestantes se escucharon ecos de Terraferida; personas convencidas de que hay alternativas reales a este modelo destructivo.
Mientras tanto, en otros frentes políticos, la UIB nos alerta sobre situaciones alarmantes como el secuestro por parte de Maduro que podría desmantelar nuestro orden internacional. Pero eso ya es otra historia. Volviendo a casa, a nuestras islas… ¿No merece Mallorca una oportunidad para florecer?

