En un rincón del tiempo, entre el murmullo de las calles de Palma, se gestaba un fenómeno cultural que desafiaba la opresión. Durante los años 60, las Aulas de Poesía, Teatro y Novela surgieron como un grito de libertad, un espacio donde artistas e intelectuales se reunían para compartir ideas y dar vida a la resistencia contra el franquismo. Eran tiempos difíciles, pero aquí estaba la esperanza.
Un Espacio de Rebelión
La historia no siempre es amable con aquellos que deciden levantar la voz. Y en ese contexto de silencio impuesto por la dictadura, estas aulas se convirtieron en un refugio para los que ansiaban expresarse sin miedo. “No podemos dejar que nos apaguen”, repetían entre risas y lágrimas los poetas y dramaturgos que pululaban por allí. Su pasión era contagiosa; cada palabra susurrada resonaba como una promesa de cambio.
Pero claro, no todo fue fácil. En medio de esta efervescencia cultural también había una realidad cruda: la falta de recursos y el peligro latente del régimen. Sin embargo, esas barreras no hicieron más que avivar su fuego creativo. Las aulas estaban siempre a rebosar; ¿cómo no iban a estarlo? Era el único lugar donde podían soñar sin ataduras.
Hoy recordamos esa época con nostalgia pero también con determinación. Porque lo que ocurrió en esas aulas fue más que poesía o teatro: fue una rebelión, una forma de vivir la cultura en su máxima expresión frente a un sistema asfixiante. Y aunque hoy estemos enfrentando nuevos retos culturales y sociales, el legado sigue vivo en cada rincón de nuestras islas.

