La tranquilidad del viaje en tren hacia Inca se vio interrumpida por una inesperada incidencia en la subestación eléctrica de Consell. Este contratiempo ha generado un caos considerable, dejando a muchos viajeros con la frustración a flor de piel. Imagina estar listo para salir y, de repente, el tren que esperabas no aparece. Esta situación, además de molesta, nos recuerda lo vulnerables que somos ante un sistema que, a veces, parece olvidarse de nosotros.
Una red ferroviaria al límite
A medida que pasaban las horas, los usuarios se preguntaban cuándo podrían continuar su camino. El servicio ferroviario se vio claramente afectado y los retrasos comenzaron a acumularse como si fueran piezas de dominó. Muchos viajeros compartían sus anécdotas mientras aguardaban noticias: “Esto es un descontrol total”, comentaba uno de ellos entre risas nerviosas.
En este contexto, resulta evidente que nuestra infraestructura necesita más atención y cuidado. No podemos seguir tirando a la basura nuestras necesidades básicas por falta de inversión o planificación adecuada. Y es que hoy fue el tren; mañana puede ser otra cosa. Así está el asunto: la gente quiere soluciones reales, no promesas vacías.

