La ruta migratoria hacia las Balears se ha cobrado ya al menos 63 vidas en lo que va de 2025. Un dato escalofriante que nos obliga a reflexionar sobre la realidad detrás de estas travesías llenas de esperanza y, a menudo, desesperación. Este trágico acontecimiento pone de manifiesto una crisis humanitaria que no podemos seguir ignorando.
Un Lamento Silenciado
A pesar de la magnitud del suceso, el Govern ha decidido no validar el recuento realizado por diversas ONGs, como si quisieran restar peso a una realidad desgarradora. ¿Acaso no son estas organizaciones las que están sobre el terreno, quienes ven de primera mano las historias y los rostros detrás de cada número? Es inaceptable que se opten por decisiones administrativas que parecen querer tirar a la basura el sufrimiento humano.
En medio de esta situación crítica, surgen otros temas que merecen nuestra atención. Por ejemplo, el nuevo centro de Son Tous acogerá a 64 menores migrantes, un gesto necesario pero insuficiente ante la magnitud del problema. La comunidad debe preguntarse: ¿qué más se puede hacer para proteger a aquellos que buscan un futuro mejor?
No podemos quedarnos callados ante esta realidad. Hay voces como la del diputado Ramón Llull que nos recuerdan quiénes somos y qué valores defendemos: “los mallorquines debemos recordar nuestra lengua y nuestra tierra”. En tiempos donde algunos intentan dividirnos, es vital unir fuerzas y abogar por un futuro más justo para todos.

