La Diada de Mallorca no solo fue una celebración, sino un grito a viva voz que resonó entre las calles de Palma. Dos mil personas se dieron cita para reivindicar su identidad, su historia y, sobre todo, para alertar sobre el peligro del neofascismo que va ganando terreno en nuestra sociedad. En un momento donde parece que ciertos discursos odiosos intentan imponerse, la comunidad se unió con fuerza y determinación.
Una comunidad unida frente al peligro
Aina Vidal, una de las organizadoras del evento, expresó con claridad: “Hoy más que nunca debemos recordar quiénes somos. No podemos permitir que nos tiren a la basura nuestros valores”. Con cada pancarta en alto y cada cántico resonando, los asistentes no solo celebraban su cultura; también mostraban su rechazo a aquellos que intentan dividirnos.
Los ecos de esta manifestación aún retumban en el aire. Mientras algunos políticos juegan a amedrentar con amenazas veladas como las del diputado de Vox Jorge Campos –que afirmó: “serán todos al mismo lugar”– los ciudadanos respondieron alzando sus voces. Es un recordatorio claro: no vamos a quedarnos callados.
En este contexto donde el turismo monocultivo amenaza nuestras raíces culturales y la especulación inmobiliaria hace casi imposible encontrar vivienda digna en las Islas Baleares, es vital mantenernos unidos y firmes ante cualquier intento de menoscabar nuestra identidad.

