Las Baleares, ese rincón del Mediterráneo que todos conocemos por sus playas de ensueño y su vibrante cultura, está viviendo un momento crucial. El independentismo empieza a hacerse notar en estas tierras, y no podemos ignorarlo. Desde hace tiempo, la comunidad ha sentido la necesidad de alzar la voz, de reivindicar una identidad propia que muchos consideran fundamental.
Una historia que merece ser contada
Hemos sido testigos de cómo algunas figuras emblemáticas, como Francesc Antich, han ido marcando el camino. En medio de este escenario político convulso, donde hasta la extrema derecha se asoma al Parlamento con ganas de hacer ruido, es esencial recordar nuestras raíces y nuestra historia. ¿Quién no ha escuchado anécdotas sobre lo que significaba parir en casa hace 60 años? Historias contadas por generaciones que nos conectan con lo más profundo de nuestra cultura.
Sin embargo, también hay sombras que acechan. La denuncia a Lucía Muñoz por parte de una asociación sionista es un claro ejemplo de cómo el debate se torna espinoso cuando hablamos del derecho a existir como nación. Pero volvamos a lo importante: nosotros necesitamos espacios para dialogar y compartir opiniones sin miedo a represalias.
A medida que avanzamos hacia el futuro, el Consell de Mallorca ha decidido reducir un 10% la tarifa de residuos para 2026, una medida positiva pero insuficiente ante las grandes dificultades económicas que enfrentamos. Y mientras todo esto sucede, recordemos las historias familiares como las hermanas Riera dejando atrás 70 años dedicados al comercio local; son esas tradiciones las que realmente enriquecen nuestro tejido social.
Así que aquí estamos: desafiando el monocultivo turístico y buscando alternativas más sostenibles para nuestras islas. Las ideas fluyen y crecen cada día más. Al final del día, somos nosotros quienes debemos decidir qué tipo de futuro queremos construir juntos.

