La noticia ha caído como un jarro de agua fría en la comunidad. Son Amar, ese emblemático lugar que nos ha hecho vibrar con sus espectáculos, ha decidido suspender todas sus funciones. Y no solo eso, también ha anunciado un ERE que afectará a 150 trabajadores, quienes ven su futuro laboral tambalearse de la noche a la mañana.
Un golpe duro para todos
Es difícil no sentir rabia e impotencia al escuchar esto. ¿Cómo es posible que un espacio tan querido por muchos ahora esté tirando por la borda no solo el arte, sino también las vidas de tantas personas? Las historias detrás de cada uno de esos trabajadores son reales; familias que dependen de ellos y sueños que se ven truncados. Es una situación desesperante, donde lo único claro es que estamos ante otro ejemplo más del monocultivo turístico que se apodera de nuestras islas.
Nos preguntamos: ¿qué pasará con los artistas y técnicos que han dedicado su vida a hacer brillar este escenario? La cultura no puede ser un juguete al que jugar cuando conviene. No podemos permitir que se normalice esta precariedad. Necesitamos respuestas y acciones concretas para proteger lo nuestro, para cuidar a quienes hacen posible nuestra riqueza cultural.