La situación en torno al nuevo convenio de hostelería se ha convertido en un auténtico laberinto sin salida. Los sindicatos, que esperaban avances significativos, han visto cómo las conversaciones se estancan, y no dudan en alzar la voz. «Esto no es solo una cuestión laboral, es una lucha por dignidad y derechos», afirman con firmeza.
Un futuro incierto
El GOB ha sido contundente en su diagnóstico: “Es un suicidio” lo que estamos haciendo con el sector turístico. Menorca está a punto de tener más plazas turísticas que residentes, algo que pone en jaque nuestra identidad y forma de vida. Y mientras esto sucede, el Consell de Mallorca celebra foros sobre sostenibilidad turística como si todo estuviera bajo control.
En este contexto caótico, los hoteleros tienen que lidiar con realidades duras. Miguel Fluxà, uno de los pesos pesados del sector, aparece incluso en la lista Forbes de los más ricos del mundo. Pero eso no significa que todos estemos igual; la desigualdad se siente cada vez más profunda entre quienes viven del turismo y aquellos que son meros números en estadísticas.
A medida que avanzamos hacia un posible conflicto social, la pregunta es clara: ¿hasta cuándo vamos a permitir que nos tiren a la basura nuestros derechos? La respuesta puede estar más cerca de lo que pensamos.