En un giro que ha dejado a muchos boquiabiertos, el Govern ha decidido poner en la diana las leyes sobre cambio climático y residuos. La intención es clara: reducir la exigencia hacia las empresas. Y aquí nos preguntamos, ¿hasta dónde vamos a llegar? Este movimiento no solo es una señal de que las prioridades están cambiando, sino también un golpe a la lucha por un futuro más sostenible.
La reacción de la comunidad
No podemos quedarnos callados. Las voces críticas empiezan a resonar entre nosotros, los ciudadanos preocupados por el bienestar del planeta. Esta decisión podría abrir la puerta al famoso monocultivo turístico, donde prima el beneficio económico por encima de todo lo demás. Al final del día, ¿qué legado queremos dejar?
Las advertencias de los expertos son claras: si seguimos desdibujando estas regulaciones, corremos el riesgo de tirar a la basura años de esfuerzo en pro del medio ambiente. Y mientras tanto, algunos sectores siguen haciendo oídos sordos ante esta realidad tan urgente.