En el corazón de Palma, se ha levantado el nuevo CEIP Tramuntana, un centro que promete ser un faro educativo para la comunidad. Con 675 plazas en total, lo que podría sonar como una gran noticia en tiempos de necesidad educativa, nos deja con una sensación agridulce al descubrir que apenas 225 son realmente nuevas. ¿Dónde quedan el resto? ¿Acaso se han tirado a la basura las esperanzas de muchas familias?
La realidad detrás de las cifras
En medio de un clima educativo convulso y ante un nuevo plan de segregación lingüística, parece que las promesas no son más que eso: palabras vacías. Vera ha mentido y la comunidad está cansada de escuchar excusas. La SIAU ya ha alzado su voz denunciando el cierre de aulas en institutos públicos no solo en Palma, sino también en Inca y Esporles. Nos preguntamos: ¿qué tipo de futuro estamos construyendo para nuestros hijos si seguimos así?
A veces parece que los problemas crecen como malas hierbas mientras se ignoran los verdaderos desafíos. Y hablando de desafíos, el hecho de que las galletas doli no sean consideradas producto local mientras la sobrassada forana sí lo sea es una muestra más del desconcierto sobre lo que realmente queremos como sociedad.
Así estamos, entre promesas incumplidas y decisiones cuestionables. El nuevo CEIP Tramuntana debería ser motivo de celebración, pero al final del día nos queda una pregunta clara: ¿estamos haciendo lo suficiente por nuestra educación o simplemente llenamos espacios con números sin sentido?