Imagina vivir en un lugar donde los contrastes son tan marcados que a veces parece que estás en dos mundos distintos. Nou Llevant es eso y más. En solo diez años, el precio del alquiler de un piso de 80 metros cuadrados ha saltado de 606 a 1.467 euros. Una barbaridad que deja a muchos en la cuerda floja.
Aquí, mientras algunos disfrutan del auge económico, otros luchan por encontrar un techo digno. La compra de vivienda se ha convertido en una quimera; hay familias que apenas pueden acceder a un pequeño espacio de nueve metros cuadrados, lo cual es casi ridículo si pensamos en lo que debería ser tener un hogar.
Desigualdad palpable
Y no es solo el precio del alquiler lo que preocupa. La propuesta de permitir tiendas de campaña y caravanas como alojamientos en fincas rurales nos hace cuestionar qué tipo de futuro queremos construir. ¿Realmente es esto lo que aspiramos? Nos encontramos ante un monocultivo turístico que arrasa con nuestra identidad local y convierte nuestras ciudades en parques temáticos para turistas.
La realidad es cruda y complicada, pero al final del día, somos nosotros quienes tenemos la voz para exigir cambios. No podemos quedarnos callados mientras nuestros barrios se desmoronan bajo el peso de una economía desigual. Es hora de levantarse y pelear por lo nuestro.