En un momento donde la cultura parece tambalear, L’Obra Cultural Balear nos sorprende con un crecimiento que roza lo histórico. Cada vez son más los socios que se unen a esta gran familia, lo que no solo refleja el interés por nuestra lengua y tradiciones, sino también una comunidad que se levanta para defender su identidad.
La voz de la juventud resuena
Mientras tanto, los Joves de Mallorca per la Llengua no se quedan atrás y ya están en plena preparación para el esperado Acampallengua 2025. ¿Acaso hay mejor manera de celebrar nuestra herencia cultural? Con cada evento, con cada acción, estamos construyendo un futuro donde el mallorquín brilla con luz propia.
Pero no todo son buenas noticias. En otro ámbito, el Gobierno ha señalado un “error” tras la polémica por la rotulación en castellano del nuevo centro de salud en Santa Margalida. ¡Vaya sorpresa! Lo cierto es que este tipo de decisiones pueden parecer pequeñas, pero cuando hablamos de nuestras raíces y nuestro idioma, cada detalle cuenta.
Mientras tanto, el drama habitacional sigue golpeando a las Islas Baleares. La prensa alemana destaca cómo muchos isleños se ven obligados a construir xabolas o mudarse a edificios abandonados. Una realidad dolorosa que urge soluciones. Es hora de que los responsables tomen cartas en el asunto; ya está bien de mirar hacia otro lado.
Y como si fuera poco, hemos escuchado historias desgarradoras como la denuncia de una pasajera contra Ryanair por discriminación lingüística: “Aquí se habla español y, en todo caso, mallorquí, no catalán”. Sin duda alguna, esto revela una lucha diaria por nuestro derecho a expresarnos en nuestra lengua materna.
A pesar de estos altibajos, nuestra comunidad sigue luchando con pasión y determinación. Juntos somos más fuertes.