En Palma, una cinquantena de trabajadoras del hogar se echaron a las calles con un propósito claro: luchar contra la invisibilidad que ha marcado sus vidas durante demasiado tiempo. En una ciudad donde el turismo brilla con fuerza, estas mujeres, muchas veces relegadas a la sombra, decidieron que era hora de hacerse notar y exigir el reconocimiento que merecen.
Cansadas de ser invisibles
Con pancartas en mano y determinación en sus miradas, manifestaron su descontento. “¡Estamos aquí! ¡No más silencio!”, gritaban mientras pasaban frente a los edificios emblemáticos de la ciudad. Es difícil imaginar que detrás de cada sonrisa turística, hay historias cargadas de esfuerzo y sacrificio. Estas trabajadoras son el corazón que late tras las puertas cerradas de muchos hogares, pero su labor ha sido constantemente ignorada.
La situación es insostenible. Al hablar con algunas de ellas, nos cuentan que no buscan limosnas; solo quieren dignidad. Una dignidad que se les niega en forma de salarios justos y condiciones laborales adecuadas. La invisibilidad no es solo un concepto abstracto; es una realidad dolorosa para miles como ellas.
A medida que avanzaba la protesta, crecía la sensación entre los asistentes: “Si no luchamos por nuestros derechos, nadie lo hará por nosotras”. Y así es como se fragua un movimiento: entre voces ahogadas y sueños compartidos.