Imagina un espacio donde la libertad y la creatividad florecen, donde la comunidad se une para construir algo más grande que ellos mismos. Eso era el Kasal Llibertari, un proyecto que aspiraba a ser mucho más que cuatro paredes y un techo. Pero, como suele pasar en esta vida, los sueños a veces se encuentran con la dura realidad.
Este lugar, que había sido un refugio para muchos, ha terminado siendo víctima de unos pocos gorilas de gimnasio que decidieron actuar como si fueran los dueños del barrio. En vez de dialogar o buscar una solución pacífica, se plantaron allí y dijeron: ‘Aquí no hay lugar para ustedes’. Un enfoque nada constructivo, ¿verdad?
La lucha por mantener viva la esencia
La historia del Kasal es también una historia de resistencia. A pesar de los embates y las adversidades, aquellos que creían en el proyecto nunca dejaron de luchar por él. Su propuesta era clara: crear un espacio comunitario donde todos tuviéramos voz y voto. Pero al final, parece que algunos prefieren tirar todo eso a la basura.
Además, mientras algunos se preocupan por cómo recuperar este espacio vital, otros miran hacia otro lado. Y así seguimos en Palma: viendo cómo estos espacios únicos desaparecen ante intereses más comerciales y fríos. ¿No deberíamos preguntarnos qué tipo de ciudad queremos construir? Porque lo que está claro es que el monocultivo turístico no nos llevará a ninguna parte.
Así va la vida en Palma; entre sueños rotos y luchas continuas por lo que creemos justo. Y tú, ¿qué opinas sobre todo esto?